Son las 20 horas en el parque Erick Barrondo. Bajo las luces artificiales de la cancha sintética, un grupo de aproximadamente 35 jóvenes se prepara para su entrenamiento. Algunos pasan el ovoide —pelota—, otros estiran, unos cuantos platican mientras se ajustan las hombreras. El silbato del entrenador Carlos Ayala corta el murmullo.
«Diez vueltas a la cancha», ordena Ayala. Los jugadores de la Selección Nacional de fútbol americano de Guatemala se juntan y comienzan a trotar. Es enero y están preparándose para un torneo que se disputará a mediados marzo en El Salvador en dónde también participará ese país, Honduras, Nicaragua y Panamá.
La escena es atípica en un país donde el balón redondo domina cada conversación deportiva. Pero aquí, en este rincón de la zona 7, el fútbol americano construye su propio espacio. No con el ruido mediático del Super Bowl, sino con el esfuerzo de jugadores fanáticos que entrenan después de jornadas laborales o de estudio y compiten contra selecciones centroamericanas con la única recompensa de representar a Guatemala.
Manuel Quiñónez tiene 42 años y 11 de jugar fútbol americano. Contador de profesión, llegó al deporte casi por accidente, cuando un amigo lo invitó a entrenar. «Mi primera experiencia fue internacional, jugando en Honduras contra El Salvador. Ganamos 14-0», recuerda. Su complexión, según él dice, no es la de un jugador típico, pero eso no le importa. «La disciplina que nos enseña, la exigencia, nos retamos a nosotros mismos. Con técnica puedes destacar», dice.
Por su parte, Daniel Lutín, de 32 años, administrador de proyectos tecnológicos, encontró en el deporte una manera de canalizar el estrés. «Es aliviar las tensiones del día a día y mantener una vida activa. El fútbol americano no solo es violencia, tiene mucha estrategia», explica. Juega para los Titans de Guatemala, uno de los cinco clubes de futbol americano de contacto del país.
De nicho estadounidense a fenómeno global
El fútbol americano nació y creció como un deporte exclusivamente estadounidense. Durante décadas, Estados Unidos centralizó el talento, las ligas y la atención mediática. Pero en los últimos 15 años, la NFL ha invertido millones en expandirse globalmente: partidos oficiales en México, Brasil, España y Alemania; programas de desarrollo de jugadores en el extranjero; acuerdos de transmisión en más de 180 países. El objetivo es claro: convertir un deporte de nicho en un espectáculo mundial.
La estrategia funcionó. Según datos de la NFL, la liga tiene más de 180 millones de seguidores fuera de Estados Unidos. En México, la audiencia del Super Bowl supera los 20 millones de espectadores. En Europa, la final se transmite en 26 idiomas. Y en Guatemala, aunque en menor escala, el crecimiento es evidente.
Marco Antonio Covar, presidente de la Asociación de Fútbol Americano de Guatemala (Anfa), lleva 26 años trabajando en el desarrollo del deporte en el país. «Nacimos en la Universidad Rafael Landívar con un proyecto universitario. Era complicado porque no teníamos estructura asociativa ni federativa. Ahora tenemos cinco clubes de contacto, unas 20 ligas de flag football y participación en torneos centroamericanos», explica.
El flag football, modalidad sin contacto del deporte, ha sido clave para el crecimiento. Al eliminarse la necesidad de cascos y hombreras, el costo se reduce drásticamente y la accesibilidad aumenta. «Es la versión que más ha crecido a nivel mundial, especialmente en la rama femenina», asegura Covar. Tanto, que en Los Ángeles 2028, el flag football debutará como deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos.

Guatemala participó en los Juegos Centroamericanos del año pasado y ganó medalla de plata en ambas ramas. «Somos número siete de América en masculino y número seis en femenino. Hemos participado en mundiales desde 2016», dice Covar. Pero la falta de cobertura mediática mantiene estos logros en las sombras.
Carlos Ayala, entrenador en jefe de la selección de contacto, nota la diferencia entre sus dos ciclos al frente del equipo. El primero fue en 2013-2014, cuando debía enseñarle a la gente a jugar desde cero. Ahora, en 2026, los jugadores llegan con bases sólidas de sus clubes. «Es un buen indicador del crecimiento. La gente ya trae técnica y conocimiento de las reglas», señala.
Las reglas del fútbol americano son complejas, pero interesantes. Se juega en un campo de 100 yardas con dos zonas de anotación de 10 yardas cada una. Once jugadores por equipo. El objetivo es avanzar el ovoide (pelota) hasta la zona de anotación rival, ya sea corriendo o mediante pases. El equipo ofensivo tiene cuatro intentos para avanzar 10 yardas. Si lo logra, obtiene cuatro intentos más. Un touchdown vale seis puntos, con opción a punto extra. Un gol de campo vale tres puntos. La estrategia es fundamental: cada jugada se diseña previamente, se ajusta según la defensa rival y requiere coordinación milimétrica.
«Combina lo físico con lo estratégico a un nivel que pocos deportes tienen. No es solo contacto», describe Ayala. Para Enrique Valdez, estudiante de 17 años que juega en la sub-19, esa complejidad es atractiva. «Nunca fui bueno para el fútbol ni el básquet. Acá encontré algo para lo que sí soy bueno. Me encanta el compañerismo y todas las cosas por aprender».

La economía del Super Bowl en Guatemala
Abraham Az, de la Gremial de Restaurantes de la Cámara de Industria, confirma que el Super Bowl no se comporta como un domingo regular. «Hay concentración de clientes en horarios específicos. La afluencia aumenta entre 20% y 40% en bares y restaurantes que transmiten el evento», explica. Predominan alimentos para compartir: alitas, hamburguesas, nachos, pizzas. En bebidas, cerveza, tragos preparados y micheladas. «El cliente busca combos cerrados, precios claros, rapidez y experiencia», añade.
Este evento se ha convertido en una fecha comercial planificada, con menús especiales y refuerzo de personal. «No compite con diciembre o el Día de la Madre, pero puede representar una facturación similar a un viernes fuerte cuando se trabaja con planificación», dice Az. La clave es entender que el cliente no solo sale a comer, sino a vivir una experiencia.
Pero el impacto económico va más allá de los restaurantes. Guatemala es proveedor clave de productos textiles para la NFL. Alejandro Ceballos, vicepresidente de Vestex, explica el proceso: «Trabajamos con intermediarios de una marca que tiene el contrato con la NFL. Producimos camisas, playeras y polos de algunos de los equipos».
La ventaja guatemalteca es la velocidad de reacción. «La noche que gana el equipo, ya estamos listos para empezar a confeccionar. Del otro equipo no se vende nada. Somos los más caros del mundo, pero nadie compite en velocidad al mercado», asegura. Más de 40 maquilas trabajan productos relacionados con la NFL.
Y está el aguacate. Aunque Guatemala aún no exporta oficialmente, el país se ha preparado para entrar al mercado del Super Bowl. En febrero del 2025, el aguacate hass guatemalteco fue presentado en Washington durante el evento Super Bowl Sunday and Guatemala’s Touchdown, que celebró la autorización de importación otorgada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Durante el Super Bowl, se consumen alrededor de 52 millones de dólares en aguacate en ese país, según datos de la industria.

El guatemalteco que conquistó la NFL
Guatemala ha dejado huella en la NFL con el jugador Ted Hendricks.
Hendricks nació en Guatemala en 1947 y se convirtió en uno de los mejores linebackers en la historia de la NFL. Apodado The Mad Stork por su peculiar estilo de juego y su altura de 2.01 metros, Hendricks ganó cuatro Super Bowls: uno con los Baltimore Colts y tres con los Oakland Raiders.
Fue seleccionado al Pro Bowl en ocho ocasiones y forma parte del Salón de la Fama del Fútbol Americano Profesional desde 1990. Jugó 215 partidos consecutivos en 15 temporadas, un récord que demuestra su durabilidad excepcional.
Es el jugador latino, nacido en Latinoamérica, que ha ganado más Super Bowls en la historia. Sin embargo, su legado permanece prácticamente desconocido en Guatemala.

Una comunidad que crece
El fútbol americano es un fenómeno en crecimiento en Guatemala. Axel Blanco administra NFL Fans Guatemala, uno de los grupos de Facebook más grandes de aficionados en el país. «El propósito es que todos los fans tengan un espacio para expresar y compartir. A veces publicamos en nuestros perfiles y nadie nos hace caso», dice entre risas. El grupo nació durante la pandemia, cuando la necesidad de conectar era urgente.
La convivencia ha avanzado. Blanco cuenta que, en ocasiones, se reúnen algunos aficionados en un restaurante de la Ciudad de Guatemala para disfrutar de alguno de los juegos. «Tenemos un amigo que viene desde Quiché cada vez que hay convocatoria», relata Blanco.
La diversidad es notable. «Hay fanáticos de los 32 equipos. Algunos por tener familia en Estados Unidos, otros simplemente porque les llamó la atención. Tenemos mucha presencia femenina, lo cual rompe el estereotipo de que es un deporte muy masculino», dice el joven. Él mismo se interesó por el deporte viendo la película Los pequeños gigantes cuando era niño, y desde entonces es fanático de los Gigantes de Nueva York.
Allison Arévalo heredó la pasión de su padre, quien vivió 27 años en Estados Unidos. «Mi papá se jubiló y regresó a Guatemala. Los domingos acostumbraba a ver los partidos y, de tanto verlo, me fui acostumbrando. Le vamos a los Dolphins de Miami», cuenta. El año pasado cumplió el sueño de ir a un partido en persona. «Una cosa es verlo en televisión y otra estar en el estadio. Es totalmente diferente».
Para el Super Bowl, Arévalo se reúne con su familia y amigos en casa. «Siempre pedimos alitas, es parte de la tradición que mi papá se trajo de Estados Unidos. Tratamos de recrear ese escenario muy norteamericano», dice.

Los entrenamientos nocturnos como el futuro del deporte
De regreso al Erick Barrondo, el entrenamiento continúa. Los jugadores practican bloqueos, trabajan jugadas específicas, repiten movimientos hasta que la técnica se vuelve instintiva. No tienen patrocinadores grandes ni sueldos millonarios. Muchos pagan su equipo de su propio bolsillo. Las lesiones son comunes y el apoyo médico, limitado. Pero siguen ahí, dos noches por semana, de 20 a 22 horas.
La selección viajará a El Salvador en marzo en donde competirán contra ese país, Honduras, Panamá y Nicaragua. Es la primera vez que la Federación Internacional avalará oficialmente el torneo. «Tenemos que reclutar el equipo en los próximos dos meses. La invitación está abierta para todos los jugadores que quieran unirse», dice Ayala.
Enrique Valdez, el jugador de 17 años, conoció Honduras y El Salvador gracias al deporte. «Esa experiencia de deportista, de ir a jugar a otro lugar, me pareció algo muy nice que nunca había hecho», cuenta. Empezó a los nueve años, invitado por un amigo. Ahora está en quinto curso de colegio y balancea estudios con entrenamientos. «Se lo recomiendo a la gente. Hago muchos amigos y siempre hay cosas nuevas por aprender».
Covar es optimista sobre el futuro de este deporte en el país. «Tenemos academias para niños, ligas funcionando, selecciones nacionales en ambas modalidades —flag football y fútbol americano—. Ya hay apoyo del Comité Olímpico, entrenamos en el Centro Nacional de Acondicionamiento Deportivo (CENAD). Somos asociación deportiva nacional avalada por la CDAG. Esto no era posible hace 10 años», dice. Su meta es clara: convertir a Guatemala en un país con cultura de fútbol americano.
Mientras eso pasa, la esperanza y el amor por el deporte se mantienen vivos. Cada lunes y miércoles, bajo las luces del Érick Barrondo, los jóvenes siguen diseñando estrategias para derribar, bloquear y correr jugadas. Construyen, ovoide a ovoide, la historia del futbol americano en Guatemala. Lejos de los reflectores del Super Bowl, pero con la misma pasión que mueve los estadios estadounidenses







