El presidente Donald Trump ha hecho de la asequibilidad de la vivienda un eje central de su agenda económica, al enfatizar reiteradamente su deseo de que bajen las tasas hipotecarias.
Sin embargo, Kevin Warsh, a quien Trump eligió para dirigir la Reserva Federal, ha criticado durante años la enorme cartera de bonos del banco central. Cualquier intento de reducir significativamente el balance general de la Reserva Federal —que asciende a 6.6 billones de dólares— en bonos del Tesoro y valores respaldados por hipotecas, podría impulsar al alza las tasas hipotecarias, en contra de los objetivos del mandatario.
Esta tensión revela un posible conflicto entre las prioridades políticas del presidente y las políticas promovidas por Warsh, quien ha denunciado que el balance de la Reserva Federal está inflado y distorsiona el mercado, al mantener artificialmente bajas las tasas de interés a largo plazo e inflar los precios de los activos.
Aunque Warsh aún debe ser confirmado por el Senado, Trump espera que asuma la presidencia del banco central a mediados de mayo, cuando expire el mandato de Jerome H. Powell.
“Si solo se adopta un balance general más reducido, es difícil ver cómo esto sería coherente con tasas hipotecarias más bajas. Eso genera cierta tensión con el presidente”, declaró Bill English, profesor de Yale y exdirector de la división de asuntos monetarios de la Fed.
La Reserva Federal influye en el costo del endeudamiento ajustando su tasa de interés de referencia a corto plazo, un factor que incide en todo el sistema financiero y ayuda a determinar lo que los consumidores pagan por hipotecas, préstamos para automóviles y otros créditos.
Los responsables de política monetaria también han utilizado una herramienta menos convencional: el balance general. Mediante la compra de billones de dólares en valores a largo plazo, el banco central ha buscado reducir las tasas a largo plazo. Estas compras abaratan el crédito porque reducen los rendimientos de los bonos del Tesoro, lo cual incide en las tasas en toda la economía.
El conflicto surge mientras Trump enfrenta presión política para cumplir su promesa de reducir el costo de la vivienda. Las tasas hipotecarias, que superaron brevemente el 7% a principios del 2025, se han convertido en un obstáculo para muchos compradores excluidos del mercado. Aunque se ha comprometido a reducirlas, el presidente ha ofrecido pocos detalles.
“Podemos bajar las tasas de interés a un nivel, y eso es algo que queremos hacer”, declaró el mes pasado. “Es natural. Es bueno para todos. Con la bajada de las tasas, deberíamos estar pagando un interés mucho menor”.
Warsh, exbanquero de Wall Street y exgobernador de la Reserva Federal, ha criticado abiertamente la “flexibilización cuantitativa”, los programas diseñados para controlar las tasas a largo plazo mediante la expansión del balance del banco central durante y después de la crisis financiera. Entre el 2008 y el 2022, los activos de la Reserva Federal pasaron de aproximadamente 900 mil millones de dólares a unos 9 billones, antes de reducirse a 6.6 billones la semana pasada.
En sus discursos y escritos, Warsh ha calificado esta cartera como un legado indeseable que debe revertirse. Afirma que las compras de bonos por parte de la Fed fomentaron déficits excesivos y alimentaron la inflación.
“Cada vez que la Fed actúa, amplía su tamaño y alcance, invade otras áreas macroeconómicas, se acumula más deuda, se asigna capital de forma ineficiente, se traspasan límites institucionales, se magnifican los riesgos de crisis futuras y la Fed se ve forzada a responder con mayor agresividad la próxima vez”, dijo en un discurso en abril.
Actualmente, la Reserva Federal posee alrededor de 4.3 billones de dólares en bonos del Tesoro y cerca de 2 billones en valores respaldados por hipotecas, remanentes de medidas extraordinarias adoptadas para apoyar la economía durante la recesión del 2008 y la pandemia del 2020. La mayoría de estos instrumentos son a largo plazo.
Económicamente, el principio es claro: cuando la Fed compra grandes cantidades de bonos, sus precios suben y sus rendimientos bajan, lo que reduce los costos de endeudamiento. Revertir este proceso —mediante ventas o permitiendo que los bonos venzan sin renovación— tendría el efecto contrario: tasas más altas, ya que los inversionistas privados exigirían mayores rendimientos para absorber la oferta que ya no adquiriría la Fed.
Muchos otros factores influyen en las tasas hipotecarias además del balance de la Fed: la política de tasas a corto plazo, las expectativas de inflación, las condiciones económicas globales y la salud del mercado inmobiliario. Aún no está claro qué medidas tomará Warsh si es confirmado, pues no ha presentado un plan detallado y sus posturas podrían cambiar en el cargo.
Warsh y la Casa Blanca no respondieron a las solicitudes de comentarios.
Algunos economistas creen que esta tensión podría estar sobredimensionada. Dada la complejidad del problema, Warsh podría verse obligado a aplicar cambios graduales.
“Sospecho que su deseo de reducir el balance general chocará con la realidad y terminará haciéndolo muy lentamente, quizás con el argumento de que es un problema demasiado grave como para resolverse de la noche a la mañana”, indicó Jason Furman, execonomista de la administración Obama y profesor en Harvard.
Aunque Trump espera que Warsh recorte la tasa de interés de referencia, esto no garantiza que bajen las tasas a largo plazo, que son determinadas por el mercado. La Reserva Federal ha recortado 1.75 puntos porcentuales las tasas de corto plazo en los últimos 18 meses, pero las tasas hipotecarias siguen casi al mismo nivel que en septiembre del 2024.
“Casi por todas partes, Warsh está bastante limitado, incluso en el manejo del balance general”, sostuvo Jon Hilsenrath, profesor visitante en el departamento de Economía de la Universidad de Duke.






